polígamográfico

Vida creativa

 

¿Cómo llevamos una vida creativa en polígamográfico?

 

El acelerado movimiento de la vida moderna en ocasiones puede conducirnos hacia un marasmo del cual es complicado escapar, sobre todo si el acontecer está revestido de numerosas distracciones que obstaculizan el desarrollo de ideas que consiguen reconectarnos con aquellos intereses por los cuales hemos decidido tomar el camino que elegimos. Ya seas un creador de contenidos, un diseñador o sencillamente un individuo cuya curiosidad natural le impulsa a buscar cualquier cosa que resulte estimulante, está claro que  para salir del pasmo creativo es necesario practicar una serie de actividades como si fueran el mantra budista de un monje tibetano. Aquí en polígamográfico tenemos algunos métodos que van desde la chacota que termina arrojando ideas útiles hasta la esfera Perplexus — a veces más frustrante que satisfactoria. Como sea, cada uno de nosotros tiene una especie de guías para funcionar como célulacreativa, mismo que en mayor o menor medida va por este camino:

 

 Hacer más de lo que normalmente se hace

Una mente inquieta requiere estimulación y actividad constante, lo que significa que, si reducimos nuestro potencial diario a las meras tareas que tenemos planeadas y después nos sentimos lo suficientemente cómodos para dedicar el resto del día a distraer la mente con tiempo muerto, eventualmente llegaremos a un callejón sin salida. No importa que hayamos terminado ese logo hace media hora y ya estemos jugando Candy Crush — por favor, no lo hagas todavía —, hay que intentar ver las cosas con otro enfoque, replantear conceptos, investigar si hay algo que pueda hacerse para alcanzar una satisfacción más plena con el trabajo, pues esto mantendrá la cabeza trabajando (algo que esperamos se te haga costumbre).


Intentar algo nuevo

Las rutinas son una forma de suicidio. Una muerte lenta, emocionalmente dolorosa de la que no somos conscientes en su totalidad hasta que está siendo demasiado tarde como para salir de ese vórtice que resulta de repetir las mismas cosas hasta el hartazgo. Y esa es la palabra clave, ‘hartazgo’, pues éste es un recurso que, sin importar la circunstancia, nos orilla a encontrar formas de romper el círculo vicioso, seguir la luz al final del túnel creativo. No te estanques, recuerda que dentro de ti hay siempre una semilla esperando germinar.

 

Compartir conocimiento

No olvides que el aprendizaje es un enriquecimiento perpetuo que en ocasiones se esconde en lugares que difícilmente imaginamos. La retroalimentación es el principio de la dialéctica socrática —y si alguna civilización sabía de conocimiento era la Antigua Grecia. Así que no descartes —¿viste lo que hice? — el ejemplo de Sócrates y Platón, conversa tanto con colegas de los que puedes aprender como con aquellos que pueden aprender de ti; uno nunca sabe, quizás descubras algo significativo para salir de tu marco al momento que intercambias ideas con alguien que, a su vez, está aprendiendo contigo.

 

Hacer del trabajo algo divertido

Todos estamos familiarizados con aquel dicho de que realmente no estamos trabajando cuando disfrutamos de lo que hacemos para ganarnos la vida. Y es que no se necesita de un genio para saber de primera mano que, de hecho, éste es el caso. Sin embargo, nunca faltan las obligaciones que no son tan agradables y es, precisamente, sobre de ellas que va este punto en particular. Ya sea que te armes una lista en Spotify para sobrellevar las tareas más fastidiosas o que de vez en vez hagas doodles en la libreta, no dejes que el disgusto te consuma.

 

         

 

Tomar un descanso

Pocas cosas pueden acabar con una mente creativa como el agotamiento. Hay, incluso, una condición clínica para definir el cansancio mental y ésa es la Neurastenia. Quemarse el fusible puede reducir no sólo tu capacidad de crear, sino también puede mermar tu entusiasmo y tu voluntad. Toma una siesta, empieza ese videojuego que querías jugar pero dejaste a un lado, encuéntrate con amigos y vive la vida, porque The shining es un escenario real.

 

Trabajar cuando otros descansan

Desde hace un tiempo considerable se ha divulgado la idea de que las mentes creativas son las que pertenecen a cerebros noctámbulos. Puede que sea enteramente cierto, puede que no, pero lo que sí está claro que es no hay mejor forma de aprovechar oportunidades que buscar la manera de explotarlas cuando tienes el camino despejado. No te duermas, camarón, que el mundo gira mientras no estás mirando.

 

Crear. Todo el tiempo. Siempre

Importa poco si estás tumbado en el pasto viendo las nubes pasar sobre el acuático  lienzo del cielo a la distancia, imaginando animales fantásticos; tampoco importa si con la sopa te pierdes un rato, hilvanando narrativas con las letras de pasta. Lo que importa, pues, es que, de lo que sea que esté hecha tu vida, siempre tengas el don de ver cosas donde no las hay. Cosas que permitan explorarte a ti mismo, expandiendo los horizontes con los que te aproximas al mundo y las cosas que habitan en él.

 

Amar lo que se hace o dejar de hacerlo

La vida es demasiado corta como para pasarla mal, realizando actividades donde no estás aprovechando tus capacidades y que, de paso,  terminan por mancillar tu potencial. Un espíritu marchito es el primer indicio de que estás por tirar la toalla existencial, lo que eventualmente terminará por llevarse consigo tu carrera. Porque siempre podemos ser la mejor versión de nosotros mismos, apenas llegue el momento en que las cosas pierdan su color huye, hazlo tan rápido como puedas, pues como decían en aquella película que ahora no puedo recordar: “huir es la vida, quedarse es morir”.


 




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